“Sin valor estratégico para nosotros»: Cuando el Reino Unido planeó ceder las Malvinas a Argentina

Catorce años antes de la guerra de las Malvinas, los ministros británicos planeaban transferir la soberanía de las islas a Argentina, argumentando en privado que el territorio podía resultar costoso, que no podía defenderse y que era una fuente de tensión militar con Buenos Aires.

21 junio 2023

Labour heavyweights Barbara Castle and Harold Wilson. (Photo: Hulton Archive via Getty)

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El 24 de septiembre de 1968, Barbara Castle anotó en su diario una reunión del Gabinete celebrada ese mismo día.

«Es típico de la política británica que el destino de 2.500 personas nos ocupe durante no menos de hora y media», escribió. «Realmente, el problema de liquidar los últimos puestos de avanzada del Imperio Británico es casi ridículamente difícil».

Castle, por entonces la Primera Secretaria de Estado del gobierno laborista de Harold Wilson, se refería a las Islas Malvinas/Falkland, un duradero motivo de discordia entre Gran Bretaña y Argentina.

Entre 1966 y 1968, el gobierno británico mantuvo negociaciones secretas con Argentina sobre la soberanía de las Malvinas.

La BBC reveló a finales de los noventa que ambos países habían firmado un acuerdo en 1968 en el que se establecía que el Reino Unido «reconocería la soberanía de Argentina sobre las islas a partir de una fecha a convenir», al tiempo que «tendría debidamente en cuenta los intereses de la población de las islas».

Pero una desclasificación más reciente de los archivos británicos arroja más luz sobre los intereses del Reino Unido.

Durante la reunión del Gabinete del 24 de septiembre de 1968, los ministros señalaron en privado que las Islas Malvinas «ya no tienen ningún valor estratégico o comercial para nosotros», y les preocupaba que el gobierno británico pronto tuviera que proporcionar «ayuda presupuestaria» al territorio.

Los ministros también anticiparon la amenaza de un conflicto militar con Argentina por las Falklands, señalando que «ya no podemos defender las Falkland Islands [Islas Malvinas], excepto con una fuerza ridículamente grande en relación con la población y nuestros recursos».

Catorce años antes de la guerra de las Malvinas, el gobierno británico consideraba, por tanto, que las islas habían perdido valor y que podían constituir un problema de seguridad nacional.

Sin embargo, nunca se encontró una solución diplomática y las fuerzas argentinas invadieron el territorio en abril de 1982.

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‘Nuestra acción ha sido algo prepotente’

En 1833, Gran Bretaña envió dos buques de guerra a las Islas Malvinas y exigió la retirada de la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Según Argentina, se trató de una anexión ilegal, pero el gobierno británico ha reclamado de facto las islas desde entonces.

Sin embargo, incluso en la mente de los funcionarios británicos, la cuestión de la soberanía no siempre ha estado resuelta.

En 1910, el jefe del departamento estadounidense del Ministerio de Relaciones Exteriores, Gerald Spicer, señaló que «es difícil evitar la conclusión de que la actitud del gobierno argentino no es del todo injustificada y que nuestra acción ha sido algo prepotente».

Sir Malcolm Robertson, embajador del Reino Unido en Buenos Aires, escribió de manera similar en 1927 que «no tenía idea de la fuerza del caso argentino ni de la debilidad del nuestro».

Durante la era de la descolonización posterior a la Segunda Guerra Mundial, se presionó a los gobiernos del Reino Unido y Argentina para que resolvieran la cuestión.

En 1965, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2065 (XX), que pedía a ambos países que negociaran la soberanía de las Islas Malvinas para encontrar «una solución pacífica al problema».

La resolución tenía en cuenta una resolución anterior, la 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960, cuyo objetivo era «poner fin colonialismo en todas sus formas en todas partes, una de las cuales abarca el caso de las Islas Malvinas (Falkland Islands)». 

También señalaba que debían tenerse en cuenta «los intereses de la población de las Islas Malvinas».

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Negociaciones secretas

En enero de 1966, Michael Stewart visitó Buenos Aires -el primer ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido en ir a Argentina- e inició una serie de negociaciones secretas sobre la soberanía de las islas.

Al año siguiente, en marzo de 1967, el sucesor de Stewart, George Brown, le dijo al embajador argentino que Gran Bretaña «estaría dispuesta a ceder la soberanía a Argentina siempre que el cambio fuera aceptable para los isleños y sujeto a ciertas condiciones».

Para 1968, el Reino Unido y Argentina habían acordado un borrador de Memorando de Entendimiento (MoU), que incluía un artículo que establecía: «El Gobierno del Reino Unido, como parte de dicho acuerdo final, reconocerá la soberanía de Argentina sobre las Islas a partir de una fecha a convenir».

El MoU debía ir acompañado de una declaración unilateral del gobierno británico «subrayando que la soberanía no sería cedida sin el consentimiento de los isleños». 

Los ministros entendían que esta declaración «tendría un estatus lo más equivalente posible [en fuerza legal] al del propio Memorando propuesto».

El gobierno de Wilson se encontró con una fuerte oposición del parlamento y de los isleños de las Malvinas, y las negociaciones acabaron por romperse.

‘Ya no tiene ningún valor estratégico o comercial para nosotros’

En la reunión del Gabinete de septiembre de 1968, los ministros británicos discutieron los intereses de los isleños, la gran población británica en Argentina, las inversiones del Reino Unido en Argentina, la firma de grandes contratos militares y la emergente importancia global de América Latina.

Los ministros también observaron que: «La colonia ha dejado de tener valor estratégico o económico para nosotros. Hasta ahora ha sido prácticamente autosuficiente, pero su economía depende en gran medida de la lana. Los precios de esta materia prima están bajando ahora en los mercados mundiales y en el futuro es probable que tengamos que dar ayuda presupuestaria para compensarlo».

A medida que su prosperidad económica declinaba, el Gabinete preveía que «el sentimiento pro-argentino podría crecer entre los isleños».

Por lo tanto, parecería que, si las Islas Malvinas hubieran seguido teniendo una importancia estratégica y comercial, el gobierno del Reino Unido habría tratado de eludir los mandatos de la ONU sobre la descolonización y utilizado los deseos de los isleños en su propio beneficio.

Las negociaciones entre el Reino Unido y Argentina entre 1966 y 1968 han sido analizadas en detalle en el reciente libro de Ezequiel Mercau The Falklands War: An Imperial History.

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‘Un futuro tolerable’

La guerra de las Malvinas acabó costando a Gran Bretaña unos 2.800 millones de libras (más de 9.500 millones de libras en valor actual), y el gobierno británico desplegó cargas nucleares de profundidad para apoyar su esfuerzo bélico, y potencialmente un submarino con armamento nuclear. Costó la vida a cientos de soldados argentinos y británicos.

«Para que los habitantes de las Malvinas tengan un futuro tolerable, habrá que encontrar un modus vivendi con su vecino infinitamente más grande: no pueden vivir en un estado de hostilidad latente para siempre», añadieron los ministros en 1968.

Durante los años siguientes, ambos gobiernos siguieron esforzándose por encontrar una solución a la cuestión de la soberanía. 

Menos de dos años antes de la Guerra de las Malvinas, el gobierno de Margaret Thatcher «ofreció ceder la soberanía de las islas Malvinas en una reunión clandestina con un alto funcionario argentino», según descubrió The Guardian en 2015.

Décadas después, la cuestión sigue sin resolverse. 

En marzo de este año, el Gobierno argentino se retiró de un polémico acuerdo con Gran Bretaña relativo a las islas Malvinas a raíz de un reportaje publicado por Declassified UK
El actual Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido respondió insistiendo una vez más en que «las Islas Malvinas son británicas».